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Estas Navidades decidí pasar el año nuevo en el pueblo de un amigo, un pueblo llamado Jorquera, situado en la provincia de Albacete. Nunca había ido a ese pueblo a pesar de los años de amistad que tengo con ese amigo y la verdad es que no pude evitar fijarme en la arquitectura tan característica de un pueblo como Jorquera.

Hablo de un pueblo muy pequeño, de apenas 400 habitantes, el cual está muy apartado de la ciudad y los grades pueblos al estar situado sobre una montaña. Al segundo día mi amigo y yo decidimos dar un paseo para que me enseñase el pueblo, y se podría decir que esa localidad tiene exactamente la definición estándar de pueblo de montaña: calles muy estrechas donde se combinan la acera con el paso de los coches, además de tener todas una pendiente ya sea ascendiente o descendiente, una gran iglesia situada en el centro del pueblo, miradores, pero lo que más me sorprendió fue el tipo de casas que el pueblo tenía.

Se podía percibir una arquitectura muy distinta a la urbana, cosa que caracteriza y habla del pueblo en el que nos encontramos. Todas las casas eran familiares, no habían edificios con distintas viviendas dentro de él. Además, estaban todas hechas con los mismos materiales, ladrillos en las fachadas revestidas algunas de un color amarillento y otras más nuevas de blanco, ventanales cuadrangulares no demasiado grandes y tejas en las cubiertas que eran de forma triangular.

Puede que para mucha gente sea algo normal pero al menos para mí, que soy una persona que ha vivido toda la vida en la ciudad, me sorprendió mucho ver esta distribución del pueblo.


Fuente fotográfica:

Imágenes propias

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